"MÓN I TEMPS CANSATS"
Experiment ouilipià. El primer paràgraf és de Pablo Martín Sánchez (Sopor,Fricciones, e.d.a. libros, 2011) i el segon és una lliure continuació de qui escriu aquest blog.
Apago el despertador de un manotazo y salgo de casa sin ducharme. En el espejo del ascensor me peino como puedo y observo mis ojos enrojecidos por el sueño. Al pasar junto al portero, ni siquiera levanta la cabeza para darme los buenos días. Y cuando salgo a la calle, descubro un espectáculo devastador: una epidemia de sueño parece haberse apoderado de la población entera. El quiosquero dormita encima de sus periódicos, el cartero está tumbado en la acera con la cabeza recostada sobre el carro, los coches se han detenido en medio de la calzada y los conductores echan una cabezadita apoyados en el volante. Y aunque reina un caos absoluto, lo peor es el insólito silencio que hace de este espectáculo algo completamente aterrador. Empiezo a correr de un lado a otro, gritando como un poseso y zarandeando a todo aquel que encuentro dormido. Hago varias llamadas telefónicas, pero nadie responde al otro lado. Desconcertado y exhausto, apoyo la frente contra el frío escaparate de una tienda de electrodomésticos y varios televisores encendidos me muestran la misma imagen reveladora: la presentadora del telediario matutino se abandona sobre la mesa a un sueño ecuménico. Me marcho de allí corriendo. Deambulo durante horas. Finalmente, intentando encontrar una explicación, subo al capó de un coche y, alzando los brazos al cielo, exclamo: ¿! Pero se puede saber qué cojones es esto!? Y desee las alturas recibo como única respuesta un atronador ronquido que resuena urbi et orbi.
Y me pregunto: ¿Está
también Dios durmiendo? ¿Para siempre? ¿Soy el único despierto? ¿Qué sentido tiene
todo esto? Bajo del capó del coche y regreso raudo a mi apartamento. El portero
sigue durmiendo. El ascensor no funciona y subo las escaleras a toda prisa
jadeando, vivo en un quinto piso. Abro la puerta de mi casa y pongo la radio.
No emite ruido alguno. Desde el balcón observo la calle. Todo sigue igual. No
hay pájaros en el cielo. La ciudad está dormida. Me estremezco de solo pensar
que en todas partes será lo mismo. ¿Habrá el planeta dejado de girar sobre si
mismo? Regreso a mi habitación y recojo el despertador, ha dejado de
funcionar. Miro mi reloj y con estupor veo que sus agujas marcan exactamente la
hora de despertarme. El tiempo parece también dormido. Me
tiendo en la cama y procuro no pensar. Deseo que el sueño me venza. Sé que el
sueño va a vencerme. Ojalá.

Que tristeza, que soledad más absoluta, Ojalá el sueño nos venza y podamos soñar en compañía!!!
ResponEliminaBon comentari. Gràcies Flor.
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